Necesitamos razones para obedecer

 

En su último libro, La idea de la justicia, el premio Nobel de Economía Amartya Sen nos recuerda “el papel central del razonamiento público para la comprensión de la justicia”. Frente a una concepción meramente formal de la democracia, que pone el énfasis en las elecciones y los votos, Sen resalta la importancia de la discusión pública apoyada en argumentos imparciales como fundamento de las elecciones colectivas. No es necesario añadir nada a sus palabras: “La efectividad de los votos depende de manera decisiva de lo que se juega en las urnas, como la libertad de expresión, el acceso a la información y el derecho a disentir”. Puede que nos estemos jugando, en este largo invierno, mucho más que nuestra prosperidad económica.

Los ciudadanos necesitamos información completa y veraz sobre la situación a la que nos enfrentamos. Necesitamos saber con qué recursos contamos y en qué se están empleando. Necesitamos conocer con detalle los planes de ajuste económico y participar en la discusión sobre la dirección en que debemos avanzar. Debemos aceptar con responsabilidad los recortes económicos inevitables, pero nada exige que no seamos informados sobre su contenido o que no podamos influir en él. Se nos puede pedir paciencia y confianza, pero no fe.

Nos tratan como en la infancia se trataba a los niños. Órdenes simples y mano dura. Y cuando esto no basta, alguna explicación apresurada que no necesita tener sentido. Pero no somos niños. Los trabajadores que temen perder su puesto de trabajo; los profesionales sanitarios que esperan que su voz de expertos sea oída; los ciudadanos que quieren decidir juntos cómo será la sanidad de las próximas décadas, que quieren saber cómo se gasta el dinero público; todos ellos, todos nosotros, merecemos algo más que frases vacías y eufemismos. Merecemos respeto. Tal vez nuestras demandas no puedan ser atendidas, pero deben ser consideradas. Su rechazo no puede estar respaldado por el mero ejercicio de la autoridad. Si se produce, debe ser explicado y justificado. Necesitamos razones para obedecer. Eso es la democracia.

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