El SAS deja sin cobertura vacacional a Medicina de Familia y Pediatría y obliga a los facultativos a asumir la asistencia de los compañeros ausentes
La Consejería de Salud vuelve a presentar su plan de verano al amparo de las grandes cifras. El anuncio de 41 000 contrataciones estivales pretende proyectar una imagen de refuerzo y normalidad. Sin embargo, en los centros de salud de la provincia de Sevilla, la realidad es otra: para Medicina de Familia y Pediatría de Atención Primaria, el plan contempla cero jornadas sustituidas, cero contratos y cero euros para cobertura vacacional médica.
No hablamos de una incidencia menor. Hablamos de los facultativos que sostienen la puerta de entrada al sistema sanitario, atienden a la población adulta e infantil y garantizan la continuidad asistencial. Precisamente ahí, donde la presión asistencial es más intensa, el SAS no refuerza: desplaza el problema a los médicos que permanecen en consulta.
La Administración intenta justificar esta decisión con dos argumentos. Ninguno resiste el contraste con la realidad.
El primero se apoya en la existencia de vacantes estructurales en los equipos. Desde el Sindicato Médico rechazamos ese diagnóstico. No todos los centros se encuentran en la misma situación: existen equipos con sus plazas cubiertas en los que la sustitución vacacional sería posible. Y, en los equipos incompletos, la necesidad de apoyo no desaparece; aumenta. Utilizar la falta de plantilla como excusa para negar refuerzos supone invertir la lógica más elemental de la planificación sanitaria: cuando hay menos médicos disponibles, la cobertura no deja de ser necesaria; se vuelve imprescindible.
El segundo argumento se basa en el cierre de las consultas de tarde del 29 de junio al 20 de septiembre. Pero cerrar por la tarde no elimina la demanda sanitaria; solo la concentra en menos horas y con menos capacidad de respuesta. Las enfermedades, los procesos agudos, la atención pediátrica, las revisiones, las pruebas, los informes y la burocracia clínica no se suspenden por una modificación horaria. Se acumulan.
Además, el propio SAS contradice su argumento con sus decisiones. Sí prevé cobertura vacacional para otras categorías de los centros de salud, una medida necesaria y razonable. Pero esa cobertura deja al descubierto el agravio comparativo hacia el colectivo médico. Si el cierre de tardes bastara para no sustituir, debería bastar para todos. Y, si se reconoce la necesidad de cubrir vacaciones en el resto de categorías, no hay razón asistencial aceptable para excluir a médicos de familia y pediatras.
La consecuencia tiene nombre: autocobertura obligada. El SAS no sustituye las ausencias; las reparte entre quienes siguen trabajando. Cada facultativo tendrá que asumir su agenda y parte de la de sus compañeros de vacaciones. Más pacientes por médico, menos tiempo clínico, más demora, más presión asistencial y más riesgo para la seguridad del paciente.
Las vacaciones son un derecho laboral, no una carga que deba absorber el compañero que se queda. Una organización sanitaria responsable debe preverlas, planificarlas y cubrirlas. Lo contrario es convertir un derecho básico en un problema interno de los equipos.
También lo pagarán los pacientes. Acudirán a sus centros de salud y encontrarán menos disponibilidad médica, más dificultad para obtener cita y consultas sometidas a una presión incompatible con una atención segura y de calidad. La asistencia no se deteriora por azar: se deteriora cuando se reducen recursos mientras la demanda permanece.
Este verano no ha creado el problema; lo ha dejado en evidencia. Una plantilla que solo funciona si un médico asume su cupo y parte del cupo de sus compañeros está mal dimensionada. Por eso, la rectificación debe ser concreta: sustituciones efectivas de jornadas médicas, refuerzos en los equipos más deficitarios, criterios públicos de cobertura y límites claros a la acumulación de agendas.
La atención primaria no se sostiene con propaganda ni con cifras globales. Se sostiene con médicos suficientes, agendas asumibles y tiempo clínico para atender con seguridad. Los facultativos no pueden seguir siendo el colchón que amortigua la falta de planificación del SAS. Y los pacientes no pueden pagar con demoras y consultas saturadas una decisión organizativa y presupuestaria injustificable.
Los médicos tienen derecho al descanso; los pacientes, a una asistencia segura; y el SAS, la obligación de garantizar ambas cosas.
Eso no es un plan de vacaciones. Es abandono de la Atención Primaria.