Con motivo del Día Mundial del Médico Residente, celebrado ayer, desde el Sindicato Médico de Sevilla queremos reconocer el trabajo de quienes atraviesan una de las etapas más exigentes de la profesión y recordar algo que con demasiada frecuencia se olvida: un MIR no es un estudiante. Es un médico que ejerce funciones asistenciales y asume responsabilidades clínicas mientras completa su formación como especialista.
En 2024 había en el Sistema Nacional de Salud 33 339 médicos en formación especializada, 5535 de ellos en Andalucía, según datos del Ministerio de Sanidad. A ellos se incorporan cada año miles de nuevos compañeros: la convocatoria para 2026 ofertó 9276 plazas MIR, la mayor cifra registrada hasta ese momento.
Detrás de estas cifras hay un recorrido profesional extraordinariamente exigente: seis años de Grado en Medicina, la preparación y superación del examen MIR y otros cuatro o cinco años de residencia, según la especialidad. Durante ese periodo, el médico residente atiende pacientes, realiza guardias, participa en urgencias, consultas, plantas de hospitalización y procedimientos, y asume responsabilidades asistenciales reales y progresivamente mayores, de acuerdo con su nivel de formación, las competencias adquiridas y su grado de autonomía.
La residencia tiene una finalidad inequívoca: formar especialistas mediante una combinación progresiva de aprendizaje, actividad asistencial, supervisión y responsabilidad clínica. La actividad asistencial constituye una parte imprescindible de ese aprendizaje y debe ir acompañada de una adquisición progresiva de competencias, autonomía y responsabilidades. Pero nunca debería utilizarse como excusa para convertir al residente en una herramienta con la que compensar plantillas insuficientes.
Desde el Sindicato Médico de Sevilla lo decimos con claridad: los MIR no pueden ser la solución estructural a la falta de médicos.
La presión asistencial, las guardias y la creciente responsabilidad deben ser compatibles con una formación de calidad. Esto exige respeto a la jornada y a los descansos, cargas de trabajo razonables y una autonomía progresiva acorde con las competencias adquiridas en cada año de residencia.
Pero exige también cuidar las condiciones laborales y asistenciales de quienes forman a los residentes. Los tutores necesitan tiempo, recursos y una carga de trabajo que les permita ejercer realmente su función docente. Mejorar sus condiciones no solo supone reconocer adecuadamente su responsabilidad: se traduce directamente en una mejor supervisión, un aprendizaje de mayor calidad y una participación progresivamente más activa y autónoma del residente en la actividad asistencial.
También debemos mirar qué ocurre después. El sistema sanitario realiza una enorme inversión para formar a cada especialista. Carece de sentido completar ese proceso y ofrecer después precariedad, temporalidad o unas condiciones laborales que empujen a nuestros jóvenes médicos a buscar fuera las oportunidades profesionales que aquí no encuentran.
Defender a los residentes significa, por tanto, proteger su formación hoy y ofrecerles un futuro profesional digno mañana.
Los MIR no son únicamente los especialistas del futuro. Son médicos del presente, ejercen una actividad asistencial real, sostienen una parte esencial del funcionamiento diario de nuestros centros sanitarios y merecen que sus derechos laborales sean respetados.
Desde el Sindicato Médico de Sevilla, nuestro reconocimiento a todos los médicos residentes y nuestro compromiso con una reivindicación fundamental: formación de calidad, derechos laborales y condiciones profesionales dignas.
Porque cuidar a nuestros residentes y a quienes los forman es cuidar el futuro de nuestra sanidad.