El fracaso de un modelo sanitario

Tras muchos meses de zozobra e incertidumbre, va llegando el momento de intentar sacar algunas conclusiones y analizar qué ha sucedido realmente. De entre todos los aspectos destacados en la gestión de esta pandemia sobresale uno con mucha fuerza: el sistema sanitario que disfrutamos en España es muy mejorable, a pesar de los continuos halagos que ha recibido desde siempre.

En realidad, coexisten dos sistemas bien definidos, uno público y otro privado, regulado este último por grandes empresas y fondos de la banca y por compañías aseguradoras. Lejos de complementarse y abordar conjuntamente los problemas de salud de todos los ciudadanos, estos dos sistemas compiten despiadadamente en sacar el máximo beneficio, económico y sociopolítico, según cada caso, sin reparar en que esos objetivos tan exigentes deterioran la atención recibida por los pacientes y, por añadidura, causan un maltrato laboral ya crónico a sus trabajadores, incluyendo a los máximos protagonistas, los médicos.

Tras la pandemia, se impone con urgencia una mejor regulación, transparente y alejada al máximo posible de los habituales intereses económicos o políticos, entre ambos sistemas sanitarios. Solo potenciando la Sanidad Pública, con una mayor financiación y un reparto más justo de las infraestructuras y los recursos humanos necesarios, conseguiremos progresivamente ajustar las enormes desigualdades existentes en la actualidad y corregir todos los errores que se han ido acentuando en los últimos meses para evitar que se repitan de nuevo en las más que probables crisis sanitarias que padeceremos en los próximos años. Para ello, será indispensable un mayor respeto por el colectivo de los médicos y enfermeras que, abnegadamente y muy por encima de lo exigible, han contribuido a atenuar las carencias existentes y a resolver paulatinamente todos los enormes desafíos sanitarios presentes.

Sin embargo, no hay signos claros de que esto vaya a ser así. Solo un 1,5% de los primeros 70 000 millones de Euros asignados a España por los Fondos extraordinarios de la UE van a ser destinados a la sanidad, una cantidad insignificante frente a otras partidas presupuestarias. Por otra parte, los médicos y enfermeras españoles, con uno de los mejores sistemas de formación especializada sanitaria existentes en el mundo, siguen siendo despreciados sin rubor, incluso desde el primer momento de su acceso al sistema sanitario, tras finalizar sus estudios universitarios. Es solo el primer botón de muestra del trato que recibirán después.

Siguen reinando la precariedad y la inestabilidad laboral entre los facultativos, más intensas entre los más jóvenes, incluyendo a las mujeres que deciden formar sus familias y ser madres. Además, seguimos percibiendo unos de los salarios más exiguos de la Unión Europea. Los diferentes Gobiernos y los partidos políticos que los sustentan siguen presumiendo de ofrecer contratos más atractivos para recuperar a muchos profesionales sanitarios emigrados a otros países con mejores condiciones, a sabiendas de que no son más que “brindis al sol” ineficaces, que no solo no atraen a los fugados, sino que siguen estimulando que los jóvenes facultativos se vayan a ejercer a otros muchos países, más justos con ellos y con sus familias.

Algo similar ocurre en el mundo de la investigación científica, donde la inversión es aún más escasa, con una financiación pública ridícula y enormes trabas burocráticas que impiden ser competitivos en este sector tan esencial, cono se ha demostrado en la resolución de esta pandemia. No es anecdótico que los principales proyectos de investigación en nuestro país (incluyendo los dedicados a vacunas frente a la Covid) sean liderados por eminentes jubilados, y desarrollados por entusiastas científicos mileuristas, sin estabilidad laboral ni económica.

La fuga del enorme caudal de talento sanitario y científico existente en nuestro país es continua, y lejos de corregirse, se agravará en los próximos años si no se plantean reformas ambiciosas y urgentes, tanto en nuestro modelo sanitario como en el ámbito de la investigación científica, siendo prioritarias las áreas de la Atención Primaria y la Salud Pública. Es nuestro deber, como profesionales sanitarios y como pacientes, exigir que terminen ya las interminables luchas partidistas, alcanzándose consensos o pactos de Estado alrededor de la sanidad, y vigilar para que no sacrifique nunca más un bien común tan esencial como la Salud, en aras de intereses económicos o políticos, ajenos al beneficio de la población general.

Sin dar pasos decididos en esa dirección, será inevitable que el ya prolongado deterioro de nuestro sistema sanitario (y no solo en el modelo de asistencia pública) se siga agravando. Los más perjudicados, si no se corrige pronto, seguirán siendo los ciudadanos más vulnerables.

Juan José Silva Gallardo

Pediatra y delegado del Sindicato Médico de Sevilla

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