Carta abierta a la profesión médica de un afiliado al SMS

Compartimos con vosotros esta carta que nos hace llegar el Dr. Pablo Fernández, afiliado y anestesiólogo del Hospital Virgen del Rocío:

Estimados compañeros:

Mi batalla es contra la denigración de la medicina.

Nosotros no somos policía sanitaria, somos médicas, médicos.

Yo pongo la mano en el fuego siempre por mis compañeros, por supuesto a nivel público, porque todos hemos sido estudiantes de muy alto nivel, un bachillerato de sobresaliente para entrar en medicina, luego una carrera y un mir en Virgen del Rocío, de élite, solo eso merece un aplauso sin discusión.

Alguno, alguna, es de esta o aquella… manera, sí, pero hemos pasado, desgraciadamente, a tener algunos jefes clínicos, podría pensarse, al servicio político, quizás inconscientemente, para contentar.

Qué lejos queda aquel Virgen del Rocío que conocí como puerta abierta a la libertad y a la ciencia, donde gente tan de izquierdas como Pepe Cuello me tenía tanto aprecio, o Juan Muñoz en la UCI o la unidad de neurocirugía, de medicina interna, la mía de anestesia… la de tu especialidad.

Cuánto aprendizaje y generosidad, cuánta riqueza humana.

Hoy, muchos de esos jefes, como te digo, pueden servir a cualquier partido porque hacen bien el trabajo para el que se les apremia. Pienso que el resultado puede ser de una pobreza humana y científica irreparable.

La arquitectura espiritual y científica a salvo, la prontitud por hacer el bien a los demás, por curar el cuerpo y el alma, ese nuestro empeño.

Eso podría interpretarse como comprar voluntades y no ciencia.

El Virgen del Rocio dejaría de ser magisterio, enseñanza…universitario, universal, porque cada vez predominarían más los números y no la ciencia. Una visión raquítica, cortoplacista, inmediata, operar 5 hernias en un parte en lugar de 3, y el año que viene 6, y al otro 7… y dos huevos duros, que dirían los hermanos Marx.

¿Pero qué quedará en el futuro?

Gran error. El sistema ya estaría muerto y solo lo salvaría la generosidad de los profesionales, como actualmente, como se ha visto a lo largo de toda España en la pandemia del COVID19.

¿Y a esos profesionales los vamos a inculpar, a esas celadoras, enfermeras, médicas, vamos a afearle la conducta?

¿A esas profesionales vamos a atemorizar con renovación de contratos, con no darles permisos, reducción de jornadas, vacaciones, comisiones de servicios? ¿Qué pasa en España, en Andalucía, en Sevilla?

Estuvieron los otros e hicieron un Hospital Socialista, en lugar de un Hospital. Vienen estos y quieren un Rocio Popular, en lugar de un Hospital

¿Se puede justificar constantemente el nombramiento de parientes y amigos en puestos de dirección, cambiando denominaciones para ajustar a la semántica de que se cumple lo escrito?
Son coordinadores, no son jefes, son…y así acallar conciencias.

Ahora siguen los R2 en puerta de urgencias, aún no entraron los R1, eso disminuye su formación, se trata de mano de obra barata expuesta a un riesgo mortal. Sin conocerlos, son mis compañeros y los quiero, tienen su dignidad, han trabajado como yo sin apenas protección frente a un peligro mortal, son admirables, y yo los respeto, los quiero y los admiro.

Ante la falta de especialistas han pasado a aumentar el número de residentes en cada especialidad, si antes éramos 4 anestesistas por año, luego 5, 7 ahora y quieren 9.

Al mismo tiempo que aumentan los partes quirúrgicos, de consultas, que disminuye la posibilidad de enseñanza y todo se basa en la atención, se aumentan los residentes de cada especialidad. Más residentes, menor tiempo de enseñanza, peor formación, hundimiento del sistema.

La situación actual pudiera ser dantesca, con jefes cada vez más jóvenes, más sujetos al mando, transmisores de órdenes, pudiera ser el asesinato de la Sanidad.

Debemos, entre todos, erradicar el miedo, que este no sea la matriz de nuestras actuaciones.

No somos la policía sanitaria, somos médicas, médicos, llenos de Amor, acaso no lo es quién da la vida por los demás.

Por eso cuando vi, leí las declaraciones del anterior gerente del SAS, Moreno Verdugo, en nuestro propio hospital, en el mismo Colegio de Médicos de Sevilla, he pensado que no necesitamos manos de piedra de Macael como homenaje, sino para elevar plegarias al cielo por un trato digno.

¿Cómo se puede tratar así a los profesionales? ¿Esta es la nueva sanidad?

Me duele mi hospital, mi Virgen del Rocío, donde mi mujer, Nena, murió en mis brazos después de 36 días de agonía, donde un par de años antes, mi hermano Mario murió en la UCI.

Yo soy, compañeros, Virgen del Rocío, soy parte de su epidermis, si lo hieren, a mí me hieren.

Creí entonces en Jesús Aguirre, el actual consejero, su primer escrito, sus prioridades, la atención primaria y el trato digno a los profesionales.

He visto compañeros sufriendo, llorando, temblando por temor a morir, dejados a nuestra suerte, sin apenas medios, sin apenas protección, dejados, contra una enfermedad cruel, que alejó a familias de sus enfermos, de sus muertos.

Desde el Colegio de Médicos se alertaba de que llamaban la atención en el Hospital Macarena a los profesionales que usaban mascarillas porque causaban alarma.

Sanitarios sin pruebas, sin PCR , con bolsas de plástico, en quirófanos con protección gracias a la población que nos regalaba artilugios como pantallas.

Han pasado meses y seguimos en precario, como llevamos los últimos años, sueldos míseros y un trato inmundo.

No hay sitio digno para cambiarte, para cagar; sí, ni unas letrinas, para beber agua, para ducharte, con el mismo pijama desechable no ya de mañana o de tarde, sino en las distintas intervenciones, con distintas patologías con el mismo pijama.

Mis compañeros merecen respeto y dignidad, desde la infancia fueron los mejores, son unos campeones, rebosantes de generosidad, a cambio reciben un trato indigno y vejatorio.

Se hace necesario un acuerdo serio por la sanidad, como ya se plantea en Europa, desde la coordinación y la profesionalidad.

Se ha convertido, por desgracia, en otra pieza más del puzle político.

Tratar de manera digna a los profesionales es prioritario. Quien no lo hace sí es causa de alarma, de peligro, en él está el daño, en él el entierro de una Sanidad que ha sido modelo de asistencia y de enseñanza, y que hoy urge rescatar por el bien de todos.

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