Una serie de catastróficas desdichas

Como los huérfanos Violet, Klaus y Sunny Baudelaire, los facultativos del SAS hemos sido víctimas de una serie de catastróficas desdichas. De hecho, se diría que quien tradujo libremente el original A Series of Unfortunate Events lo hizo pensando en nosotros, porque lo que el cielo parece haber arrojado inclemente sobre nosotros no es un mero infortunio, sino una verdadera desgracia.

Quienes, como yo, comenzamos la residencia a finales del siglo pasado, perdimos la ilusión apenas comenzado el actual. La modernización del sistema sanitario, que ansiábamos protagonizar, consistió en la práctica en la implantación de una burocracia politizada que nos ahogó como profesionales y nos convirtió en herramientas al servicio de intereses partidistas. Despreciados como médicos y maltratados como trabajadores, se nos impidió ejercer nuestra profesión dignamente y se cegó cualquier posibilidad de prosperar por méritos exclusivamente profesionales. El partido que ha gobernado Andalucía durante décadas nunca nos tuvo aprecio, pues nos consideraba hostiles ideológicamente e irrelevantes electoralmente. Con todo, a pesar de la falsedad de ambos juicios, el principal error que cometió fue creer que se podía gestionar la medicina contra los médicos.

Contra todo pronóstico, las pasadas elecciones colocaron en el Gobierno andaluz a partidos que habían sido muy sensibles a nuestras demandas mientras estaban en la oposición. Me atrevería a afirmar que, con independencia de su voto, todos los médicos contemplaron el cambio con esperanza. Pero nuevamente la desdicha se cernió sobre nosotros. Las primeras medidas del nuevo Gobierno, más que a Andalucía, parecieron mirar a Madrid, donde se jugaba el resultado de las elecciones generales. La denuncia de la manipulación de las listas de espera, sin duda justificada, fue seguida de un plan de choque improvisado que apenas ha tenido efecto sobre la lista de espera, pero ha malgastado varios millones de euros que merecían un destino más meditado.

Sin dinero para llegar a finales de año, sin un modelo de gestión claro que reemplace la burocracia ineficiente que llevamos décadas padeciendo, sin cambios sustanciales en los directores y cargos intermedios, el actual Gobierno andaluz solo puede ofrecernos su comprensión y el mantenimiento de unas promesas a cuyo cumplimiento ahora se cuida de asignar una fecha. Es más de lo que nos ofrecían los otros, pero parece inevitable que los más benévolos se sienten decepcionados y los más impacientes engañados.

A estas alturas, todos sabemos que solo nosotros podremos poner fin a esta serie de catastróficas desdichas que nos abruman, y sabemos también que solo hay una forma de hacerlo. Hay un escaso margen para la paciencia, que tiene que ver con la entrada en vigor del próximo presupuesto andaluz. Si en él no aparecen medidas efectivas que mejoren nuestra situación, las movilizaciones serán ineludibles.

Rafael Ojeda

Presidente del Sindicato Médico de Sevilla

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