Demagogia barata

El Complemento de Exclusividad o dime a qué dedicas tu tiempo libre

En los últimos días asistimos, por parte de algunas asociaciones y sindicatos, a una campaña de desprestigio contra la anunciada próxima extensión, desde la Consejería de Salud, del importe del actual complemento de exclusividad a los facultativos del SAS que compatibilizan su trabajo en la sanidad pública con el ejercicio legítimo de su actividad en el sector privado.

Unos, demagógicamente, dicen que se trata de un dinero que podría dedicarse a otros menesteres. En realidad, representa un montante muy pequeño en el total del presupuesto del SAS, dado que el 87% de sus médicos ya trabaja en exclusiva para la sanidad pública. Se trata, por tanto, de un auténtico chocolate del loro. Podríamos decir, pues, que nos encontramos con un problema ideológico. Pero bien analizado, ni siquiera parece así, pues esa discriminación ha sido progresivamente eliminada en casi todas las comunidades autónomas gobernadas por partidos de distinto signo y, actualmente, sólo se mantiene en Galicia, Asturias y Andalucía con diversos partidos en sus respectivos gobiernos.

Otros se oponen porque lo consideran un aumento salarial que debería extenderse también a su colectivo. En realidad, olvidan la historia del complemento. El complemento específico fue dividido en dos conceptos retributivos: el DI (complemento de Dedicación e Incompatibilidad) y el FRP (complemento de Formación, Responsabilidad y Penosidad), y en Andalucía y otras comunidades autónomas, el DI se ligó artificialmente a la exclusividad. No negamos el derecho de otros colectivos a obtener mejoras salariales, pero no nos parece aceptable que para ello tengan que entorpecer las legítimas aspiraciones de los facultativos.

El Complemento de Exclusividad tal como se retribuye actualmente supone una segregación entre los facultativos, pues penaliza a los profesionales que dedican su tiempo libre a otra actividad, y entre ellos además solamente a los que trabajan en el SAS, pues no ocurre lo mismo con los que trabajan en las agencias públicas sanitarias de la propia Consejería de Salud.

El pago del DI a todos los facultativos es una cuestión de justicia, pues no dedican al SAS menos horas ni menos esfuerzo los no exclusivos. Y, por tanto, a igual trabajo debe corresponder igual salario.

Ahora que se habla tanto de la brecha salarial de género, ya que es injusto que en muchos empleos la mujer cobre menos que el hombre realizando el mismo trabajo, ya es hora de que se acabe con la brecha salarial de tiempo libre, que representa la exclusividad en el SAS, por la que unos facultativos cobran más o menos en función de a qué deciden dedicar su tiempo fuera del horario laboral.

Déjense, pues, otros colectivos de demagogias baratas y esperemos que en breve la Consejería de Salud y Familias cumpla su promesa de terminar con esta discriminación.

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