Un Sindicato a la altura de sus profesionales

El Sindicato Médico es una organización joven, que nació en la década de los 80 y sigue en proceso de crecimiento. Los delegados del Sindicato Médico somos facultativos que hemos sentido la necesidad de defender los derechos de nuestro colectivo. Carecemos de vínculos políticos y de financiación pública. Nuestros únicos ingresos son las cuotas de nuestros afiliados, una situación que debería extenderse a todos los sindicatos, pues nadie da dinero a cambio de nada.

Representamos a un colectivo altamente cualificado, que incluye no solo médicos, sino también veterinarios, farmacéuticos, odontólogos y, en general, facultativos con titulaciones superiores que nos hemos formado durante años, estamos orgullosos de nuestra profesión y no tenemos miedo a competir. Aspiramos a tener funciones y retribuciones acordes con nuestra cualificación y rechazamos el autoritarismo y la jerarquía carente de autoridad moral. Solo un sindicato compuesto por esos mismos profesionales puede defender con eficacia sus intereses y valores. Somos conscientes de que nos dirigimos a compañeros que no se conforman con eslóganes vacuos o estrategias a corto plazo, que juzgan a sus representantes con la misma exigencia que a sí mismos, que quieren ser convencidos y liderados, no dirigidos.

Hablar en nombre de profesionales que incluyen la ética y la calidad de su trabajo entre sus reivindicaciones es una gran responsabilidad, pero sobre todo un honor. Impulsados por esa fuerza, juntos hemos alcanzado una relevancia pública que ha quedado de manifiesto en las recientes movilizaciones de la Atención Primaria. A nadie se le oculta la importancia que han tenido las reivindicaciones de nuestro colectivo, con el Sindicato Médico al frente, en el debate previo a las elecciones andaluzas. Sin embargo, nuestro objetivo no es influir en la vida política. Quienes nos acusan de servir a intereses partidistas revelan torpemente su forma de pensar cuando hacen extensivas a nuestra organización sus pautas de actuación.

Nuestro trabajo durante estos años no ha sido fácil. Es difícil obtener mejoras de quienes nos menosprecian. La Administración saliente ha ignorado nuestros problemas y reivindicaciones. Nos ha dado por amortizados, quizás por un mezquino cálculo electoral, o acaso por rencor hacia quienes logramos con esfuerzo lo que otros alcanzan por vías menos nobles. Aunque solo el Sindicato Médico ha llevado la voz de los facultativos a las mesas de negociación, algunos objetivos importantes siguen pendientes. Logramos sacar adelante un Acuerdo de interinización que acabó con la precariedad de miles de eventuales e hizo posibles las OEP en curso. Pero la Administración bloqueó un concurso de traslado que se había comprometido por escrito a llevar a cabo. Esto es solo un ejemplo de las dificultades a las que nos hemos enfrentado. La mejora de la Sanidad requiere una Administración que escuche a sus facultativos y atienda a sus necesidades, y Andalucía no la ha tenido.

La existencia de un Sindicato Médico fuerte es hoy más necesaria que nunca. Nuestra situación ha empeorado gravemente durante la crisis y el futuro no se presenta fácil. En las últimas décadas, la asistencia sanitaria ha sido transformada por la tecnología y la burocracia. Las decisiones clínicas han sido encorsetadas por protocolos y diagramas que, convertido en dogmas, han pervertido el sentido de nuestra profesión. Los gestores pretenden que atendamos a nuestros pacientes como operarios a cargo de una cadena de montaje, ignorando la variabilidad e incertidumbre inherentes a la práctica médica, un objetivo absurdo que genera frustración en el profesional e insatisfacción en el paciente, y que no es ajeno al aumento de las agresiones al personal sanitario.

Incapaces de abordar los retos a los que se enfrenta la Sanidad, los políticos prefieren recortarnos el sueldo antes que afrontar el imprescindible debate social sobre la necesidad de contener el gasto sanitario. Eligen el camino fácil a corto plazo, a sabiendas de que a la larga el maltrato a los profesionales causará al sistema un daño irreparable. Utilizan la Sanidad como herramienta al servicio del poder, convierten los logros médicos en propaganda política, priman la lealtad sobre la cualificación en los sistemas de promoción profesional y, en definitiva, extienden al sistema sanitario lo peor del sistema de partidos.

Por todo ello, cada día es más necesario que los médicos y, en general, los facultativos sanitarios estemos unidos en la defensa de nuestros derechos y de nuestra profesión. No necesitamos renunciar a nuestros objetivos personales, pero sí aprovechar la fuerza que poseemos juntos. Solo un Sindicato independiente y profesional, que no obedezca a intereses de partido, libre de hipotecas, capaz de reivindicar sin complejos un trato acorde con nuestra cualificación, podrá liderar a nuestro colectivo. Solo el Sindicato Médico responde actualmente a estas expectativas. Por eso nos sentimos fuertemente comprometidos con el objetivo de estar, cada día más, a la altura de los compañeros a los que representamos.

Por eso, el próximo 20 de febrero, vota al Sindicato Médico: JUNTOS EN DEFENSA DE NUESTRA VOCACIÓN.

 

Rafael Ojeda Rivero

Presidente del Sindicato Médico de Sevilla

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