El punto clave. El más oscuro. O, si lo prefieren, el punto crítico. Se me ocurren varios títulos, todos cinematográficos. Y todos vienen a decir lo mismo: el momento de una pelea en que, exhaustas las fuerzas, todo está en el aire. Todo pendiente de un hilo. Un suspiro de más, y la rendición. Pero, si se aguanta, existe la posibilidad de un desenlace airoso.
Lo de la semana pasada con el “Foro de la Profesión Médica” ha sido muy sintomático, y nunca mejor dicho. Me llega que fue la señora ministra la que le dio vela al “Foro” en este entierro. El funeral de la Sanidad Pública, al paso al que vamos. La ministra, enlutada y llorosa en el papelón de viuda. Los demás, de parientes y allegados. Los convocantes de la huelga, de parientes pobres. Pueden acudir, si quieren, para llevar el ataúd al nicho. Luego, fuera, lejos. Y que ni se les ocurra presentarse en la notaría.
Esto de ampararse en dicho “Foro” (la primera vez que lo oigo; ¿sirve para algo?) tiene varias lecturas, y pocas buenas. Se entiende que, con una huelga encima, se negocia con el comité de huelga, ¿no les parece? Si la huelga no estuviera teniendo incidencia, como reiteran los bien pagados voceros del oficialismo, la señora ministra podría olvidarse y dedicarse a causas de su entera competencia como, por ejemplo, el cambio climático. Total, ya se cansarán los huelguistas de hacer el payaso, ¿no? Pero no, ahí la tenemos, brujuleando en medio de la tormenta. En el punto crítico. Intuyo, por ello, que pese a todas las insidias vertidas por el equipo de información sincronizada, la huelga les está doliendo. “Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos”.
La huelga, pues, tiene fuerza.Tienen brio, además, unas redes sociales que, en contraste con los bien pagados, sirven al ciudadano una realidad contrastable. Carece de empaque, por contra, la ministra, incapaz siquiera de convocar al comité de huelga para un simple café. No la dejan. No se lo permite el “Ámbito” de los sindicatos mayoritarios. El margen de la mujer es, por tanto, ninguno. Nada, cero. Triste final político-sanitario el suyo, al modo de pobre marioneta de trapo que, por no tener, no tiene ni autonomía para presentar la dimisión, como le pedía uno desde este blog. Nada. Un cero a la izquierda, que ni siquiera comprende lo que está pasando.
Y es que un servidor de todos ustedes se aventura a proponer que jamás vio lo que pasa ahora: un ejército de doctoras puestas en pie que dicen alto y claro que el ejercicio profesional en la pública no tiene que conllevar por fuerza la esclavitud del sometimiento a “las necesidades asistenciales”. Una preparadísima legión que acaba de descubrir el nudo gordiano de la Sanidad Pública española: un Ferrari 24×7 desgastado hasta el agotamiento, la ansiedad y el burn-out, y pagado en tantos casos como si sirviera copas o fregara los consultorios.
Se plantea, por fin, que lo sanitario se concibió mal en su momento. En este sentido, una generación nueva ha puesto pie en pared: Sanidad Pública y sin coste en el momento del uso, por supuesto , pero NO a expensas de mi vida. NO a expensas de mis coronarias. NO a costa de mis nervios y mis horas de sueño. “¡Se acabó!”, que cantaba la ya eterna María Jiménez, ahora que es #8M.
¿Qué nos queda a la parte médica de este entierro, los no invitados/consultados por la ministra? Uno lo tiene claro: aguantar el tirón. Hasta el final. A por el ataúd, que la Sanidad Pública no está muerta, que todo es un error. Que no puede haber entierro sin certificado de defunción, y este solo lo puede emitir un médico. Con el agravante de que el médico está de huelga, mira qué casualidad.
Fuerza tranquila, compañeros. Determinación paciente. Estamos en la vía correcta. En su punto clave, el decisivo. Si abandonamos, volvemos al 95, con la ministra Amador: otra generación de esclavos. Pero si aguantamos, nos convertiremos en un interlocutor fuerte, respetado, sólido, insoslayable para los gobiernos central y autonómicos. A ver quién nos lo discute, cuando todos vean caminar de nuevo a un sistema que se daba por muerto.