Sanidad «Low Cost»

Cada cierto tiempo se reabre el debate de cuál debería ser el número máximo de personas citadas diariamente para que un médico de Atención Primaria pueda desarrollar su labor, con una agenda organizada y un tiempo aceptable para cada paciente. En estos meses se acentúa la discusión, por la gripe y otros virus…

Sin embargo, la realidad desde hace mucho (demasiado) tiempo es que nuestras consultas de Atención Primaria (AP) están saturadas a diario, con multitud de citas ofertadas, muchas de ellas a la misma hora (los famosos “bises”, véase la viñeta que ilustra este texto) y casi siempre sin discriminar el motivo de consulta, por lo que pueden esperar más tiempo en ser atendidos aquellos que están más enfermos, en comparación con los que vienen por motivos administrativos o consultas de menor relevancia o gravedad. Como consecuencia de ello, los pacientes se agolpan a las puertas de las consultas, sin cita previa, o con una etiqueta de “urgencias” («no demorable» es el eufemismo utilizado) coincidente con otros usuarios en lugar, médico y hora.

El facultativo es el que tiene que decidir a quién atiende primero o incluso convencer a los disconformes con que aguarden su turno, al coincidir tantas citas, ejerciendo de guardia de tráfico o controlador aéreo.

Todo ello, con cada vez menos médicos de AP en los centros de salud, por el maltrato sistemático al que se les ha venido sometiendo desde hace años. Muchos emigran a otras comunidades o países, se van a ejercer a la Sanidad Privada, caen enfermos, pasan a situación de invalidez  o se jubilan definitivamente (incluso de forma anticipada) por razones de edad, ansiedad, o agotamiento.

El origen de este desastre asistencial es múltiple, pero las soluciones no pueden esperar más, porque hemos llegado a un punto en que tanto los usuarios como los facultativos sufrimos este caos organizativo de forma continuada, poniendo en riesgo la seguridad de los pacientes, y con el consiguiente desgaste físico, emocional y mental que supone esta inmensa sobrecarga de trabajo, ya habitual para los que desarrollamos nuestra labor en este ámbito sanitario tan infravalorado.

Frente a esta situación desesperada, se nos pide aún más tiempo y paciencia, y se nos ofrecen algunas propuestas por parte de los actuales gestores del SAS. La última de ellas es la promesa de limitar a 30 el número máximo de pacientes citados diariamente y ofrecer diez minutos para poder asistir a cada uno de ellos.

Serían buenas medidas, sin duda, y han sido demandadas desde hace mucho tiempo por nuestro colectivo, pero si no van acompañadas de un aumento de la financiación para la AP y un adecuado dimensionamiento o aumento de las plantillas, lo único que conseguirán es empeorar aún más la situación real.

¿Quién decidirá qué pacientes son atendidos en esa agenda diaria? ¿Con qué criterios serán asignados? ¿A dónde acudirán los que no consigan cita con su médico de familia o pediatra y quién les atenderá en esos casos? Son preguntas que surgen de forma inmediata. ¿Se mantendrán los actuales objetivos de “demora cero”, tan eficaces para la propaganda política, pero tan poco rigurosos ni realistas? Da la impresión de ser una “huida hacia adelante” o un nuevo “brindis al sol”, sin plazos de ejecución ni memoria económica que los acompañe.

Lo único que realmente podría mitigar algo el problema actual sería potenciar una utilización racional del sistema sanitario público, organizando la asistencia de acuerdo a los recursos actuales. Y, por supuesto, cuidar con esmero ( y no solo económicamente) a los cada vez más escasos profesionales que aún mantienen funcionando (de momento) este deteriorado nivel asistencial de la AP.

Pensar en recuperar “batas blancas” con el esquema actual no deja de ser una quimera o un ejercicio de cinismo.

La AP no puede esperar más. Lo barato sale caro… a la sociedad y a los enfermos.

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