Arrogancia hasta el final

En un gesto insólito, el SAS publicó el 19 de diciembre un comunicado en el que acusaba al Sindicato Médico de mantener las movilizaciones de Atención Primaria por razones espurias. Afirma que “no entiende los verdaderos motivos que siguen propiciando las movilizaciones”. Esta grave acusación resume perfectamente la concepción que el SAS posee de la Sanidad andaluza y sus profesionales. Además de un insulto hacia nuestro sindicato y de una declaración abierta de desprecio a los médicos, este comunicado es un acto fallido, una confesión inconsciente, el acto desesperado de quien confunde gobernar con mandar e interpreta el voto desfavorable de los ciudadanos como la deslealtad imperdonable de unos vasallos. Sostener que no se entienden los “verdaderos motivos” que justifican las movilizaciones implica albergar un conjunto de diversas creencias susceptibles de análisis independiente, en todos los casos sumamente revelador del talante de quienes han dirigido el SAS durante años. Veamos:

Afirmar tal cosa implica creer, en primer lugar, que los motivos declarados por el Sindicato Médico para convocar a los médicos a estos paros y huelgas no son sinceros o no están justificados. Requiere pensar que la situación de la Atención Primaria no es desesperada, que no existe una sobrecarga real de los médicos, una falta de inversiones, de sustituciones, de aplicación de acuerdos retributivos, que no existen incentivos perversos, de carácter economicista, que cargan sobre los médicos el peso de los recortes sanitarios. O bien, que siendo la situación de la Atención Primaria realmente insostenible, al Sindicato Médico esto le es indiferente y que solo hemos aprovechado la ocasión que se nos brindaba para alcanzar objetivos de otra naturaleza (sobre los que después diré algo). Nótese que ambas posibilidades resultan igualmente perturbadoras, pues encontrarnos ante el primer supuesto revelaría un desconocimiento palmario, inconcebible, de la situación real de la Atención Primaria por parte de los responsables del SAS, mientras que el segundo implicaría no solo que nuestra organización es cínica y manipuladora, sino que cuenta con la complicidad de la mayoría de los médicos, dispuestos a secundar movilizaciones injustificadas para servir a intereses perversos. Ambas posibilidades serían descartadas por cualquier mente razonablemente sana, de modo que supondré que no las consideran verosímiles los actuales responsables del SAS.

Existe, en efecto, una interpretación más benévola del comunicado. De acuerdo con ella, lo que el SAS nos reprocha no es ya que nuestras reivindicaciones no fuesen justas, sino que mantuvimos una posición negociadora deliberadamente intransigente con el fin de justificar el mantenimiento de las movilizaciones. Pero el propio comunicado descarta esta posibilidad. En él queda de manifiesto, como nosotros pudimos constatar en la negociación, que el SAS no hizo ni una sola oferta concreta que sirviese para desconvocar las movilizaciones. Solo promesas vacuas, invitaciones a una negociación futura, declaraciones de intenciones de dudosa credibilidad viniendo de una Administración que ha incumplido sistemáticamente incluso las obligaciones que se imponía a sí misma como, por poner un ejemplo reciente, los plazos tanto para convocar oposiciones y traslados como para resolverlos. Solo en este asunto hemos sido víctimas de tal cúmulo de promesas incumplidas que aceptar una más como garantía futura no solo supondría mera ingenuidad, sino burda estupidez. Para desconvocar las movilizaciones necesitábamos un gesto real, algo tangible, no bastaba una pose. Pero esperar de esta Administración algo más que poses era, al parecer, pedir demasiado.

Queda, por último, una cuestión decisiva sobre la que reflexionar: ¿cuáles son, en opinión del SAS, las verdaderas intenciones de nuestro sindicato al convocar y mantener estas movilizaciones? Esto nos conduce al terreno de la especulación, pero no hay que ser un lince para adivinar que se nos acusa de querer influir en las elecciones andaluzas. La razón por la que no se requiere una agudeza especial para sospecharlo es que lo sugirió veladamente la propia presidenta de la Junta, Dña. Susana Díaz, poco antes de las elecciones, en unas declaraciones televisivas en las que, en términos muy duros nunca empleados contra otra organización sindical, atacó al Sindicato Médico tachándonos de “sindicato corporativo”. Pero esta acusación velada resulta contradictoria pues, si nuestra intención era influir en las elecciones, ¿por qué mantener las movilizaciones una vez ocurrido el vuelco electoral?

No, estimados gestores del SAS. La realidad es mucho más simple. Lo cierto es que la única razón para las movilizaciones fue, y sigue siendo, el deterioro progresivo de la sanidad andaluza que ha propiciado su nefasta gestión. Serán testigos de ello: continuaremos con estas protestas hasta que la situación de la Atención Primaria mejore, gobierne quien gobierne Andalucía. Ustedes, simplemente, volvieron a menospreciar a los médicos, nos trataron con la altivez que han exhibido durante años, ignoraron la realidad que había detrás de nuestras demandas, el apoyo que nos daba la población y la fuerza moral que nos respaldaba. Pensaron que no podían perder, aplicando un silogismo falaz cuya premisa mayor era que nunca antes habían perdido. Creyeron que con eso bastaba. La arrogancia con la que nos habían tratado durante décadas se volvió contra ustedes en forma de exceso de confianza. Olvidaron que gobernar es servir.

La opinión que como ciudadano tengo de este resultado electoral es aquí irrelevante. Como presidente del Sindicato Médico de Sevilla, me es absolutamente indiferente cuál sea el partido que respalde al gobierno andaluz. Mi obligación, que desempeñaré con esfuerzo y lealtad mientras me respalden mis compañeros, es defender sus intereses laborales y retributivos y contribuir, en el ámbito de mis competencias, a mejorar la calidad de la asistencia sanitaria que recibe la población andaluza. La organización a la que pertenezco nunca ha hecho nada con un fin diferente de este. La mejor prueba de que solo ustedes son responsables de su resultado electoral es, precisamente, la infame acusación que vierten contra nosotros. Han perdido por la sencilla razón de que no han comprendido nada.

 

Rafael Ojeda Rivero

Presidente del Sindicato Médico de Sevilla

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