Colaboración de un compañero: Es hora de pasearnos a cuerpo

No sé si estas líneas serán patrimonio de ojos atentos o de la lánguida luz de un cajón pero como ya no nos queda la esperanza, al menos, que nos quede la letra.

Ahora hablemos del sanitario. Hablemos del trabajador de la sanidad pero sin complejos, sin miedo a parecer egoístas por hablar de lo nuestro. De la sanidad como moneda de cambio, como escote donde asomarse para “y yo más“, “en vez de y tu más”, ya se encarga el desconocimiento del político . Ellos ya hablan de la gratuidad, universalidad con esa entonación mitad homilía y mitad soberbia del que tiene la razón cierta, siempre cierta… ¿a consta de qué y de quienes?

Hace unos días me sorprendía, no lo esperaba, el conocimiento de nuestra situación que tiene el “usuario” de nuestra realidad. Siguen con la creencia que, el médico, sigue siendo una parte de la élite económica, igualan médico a buena posición económica. Aun como boceto, con simples pinceladas, en un lienzo gris, debemos  como profesionales intentar describir nuestra situación, la del sanitario en Andalucía. No lo hacen en las tertulias-coloquios al son de los cuestionarios cerrados y pactados, con cifras pero sin nombres, con estadística pero sin intención de humanizarlas, siendo solo pioneros por el mero hecho de serlo para remontar en el ranquin… ¿De qué?: Muerte digna, célula madre, lucha contra la obesidad, atención al inmigrante…… los primeros…  ¿y los nombres  con sus vidas dignas , sus células  que regeneren en el alma y “exceso “ de lo justo?

Nuestra razón de ser, de vida, no es otra que la de servir a usted, al paciente .Desde el momento que decidimos ser médico nos planteamos nuestra vida como vector implacable cuya dirección no es otra que la “de curar, mejorar o ayudar a bien morir”. Para esto, y por solo esto, dedicamos más de un tercio de nuestra vida, un tercio, para ser sólo aprendices y poder ejercer… ¡Imaginen! cuantos tercios  para estudiar y cuanto para aprender lo leído. Todo esto para dedicarnos de por vida al contacto cotidiano con el dolor, la muerte el sufrimiento y, por qué no, también con la alegría de poder remediarlo.

Cuando empezamos nuestro ejercicio profesional , la primera recompensa, son contratos al 50%,75%…un mes allí, otro allá, con suerte si son consecutivos (contratos firmados por los mismos que critican los contratos basura impuestos por otras administraciones, nunca por la nuestra obviamente); hay que saber que no nos sustituye, no desde que tenemos esta maleada  y maleable crisis, sino desde hace años y  años; guardias a poco más de 10-11 euros la hora (eso vale nuestro stress , nuestras coronarias); años y años podemos llevarnos como trabajador temporal y, al contrario de una empresa privada, no tenemos indemnización (“ventaja” del empleado público); para mejor proveernos de conocimientos usamos nuestro tiempo de descanso, libre, para, eso, conciliar la vida familiar; se regocijan  con la perversión que supone la demora de la justicia y para ello, no dudan en “acogerse “ a esa tardanza para ejecutarnos con el  pelotón de sentencias eternas en el tiempo y para así, por un puñado de euros , sin escrúpulos,  dilatar el ser justos (¡critican a otras administraciones del estado español por no someterse a los designios de un tribunal de justicia!); se nos aplican las jornadas , ya cansinas en oír una y otra vez sentencias que desestiman dicha aplicación, de las 37.5 horas en horarios, en jornadas que nada tienen que ver con la ordinaria; una parte muy considerable de nuestros emolumentos están consignados en un complemento llamado de exclusividad (¿esto no es mordaza?), complemento que impide poder trabajar en otro estamento, privado y que cuando se  termina ese contrato ”largo“ de un mes, cuando el manijero no te da más peonadas.. ¿Quién te da de comer? ¿Qué empresa te espera a que tú termines ese/esos mini contratos para ofrecerte algo para trabajar?

Por esto, solo por todo esto, cuando a nuestros pacientes le ofrezcan nuevas aplicaciones para móviles para un mejor acceso a las citas; cuando vean con la facilidad, TODOS, de “consulte con su médico”; cuando les refieran esas campañas de: vacuna contra la gripe, atención al anciano, niño sano, diagnóstico precoz del cáncer,  etc. deben saber que detrás de todo esto no está la promesa del político sino el esfuerzo del profesional de la sanidad que  aunque posiblemente este con un contrato mes a mes y con una reducción de su salario que padecen sus casas, no dudará en anteponer sus conocimientos, sacrificio e incluso familia por lo que un día juró: “me comprometo solemnemente a consagrar mi vida al servicio de la Humanidad. Desempeñaré mi arte con conciencia y dignidad. La salud y la vida de mi enfermo será la primera de mis preocupaciones. No permitiré que entre mi deber y mi enfermo vengan a interponerse consideraciones de religión, de nacionalidad, de raza, de política o de clase”. 

                                                      M. Cancio Luque.

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